Por mi padre “Carlos Martínez”

Mi padre toda la vida ha gustado de correr. Desde que yo era pequeño trató de motivarme a hacerlo sin tener éxito, pues de pronto consideraba que él prefiera el futbol. Después de mucho años, caí en cuenta que eso era algo que admiraba de él, al verlo llegar a la meta en una carrera, que había corrido con un primo (ese debí ser yo, por supuesto). Entre acercamientos y lejanías propias de padre e hijo, un día me animé a correr, y me sentí tan bien que seguí haciéndolo. Cuando se lo dije, lo tomó con gran sorpresa, tanto que comenzó a irme a apoyar a las carreras. Hace un año, en este medio maratón del Día del padre, le propuse correr los últimos cinco kilómetros juntos (incluyendo a mi hermana, que también practica running), y le di la inscripción como regalo. Lo hicimos y fue genial. A la semana siguiente corría otro medio y ya no pudo, ¡se había jodido las rodillas! Lo vi tan triste, aunque nunca me lo dijo, y yo sentí demasiada impotencia, pues los doctores le prohibieron volver a correr, así que solo pensé: “el siguiente año lo correré y te lo dedicaré”. Y aqui voy, será mi primer medio maratón y va para él; va para ti, viejo.